Se relata una anécdota sobre la generosidad de Martín Caradagian hacia un joven luchador que quería hacer un regalo costoso. Ante la imposibilidad del joven de afrontar el gasto, Caradagian le ofreció dinero, pero con una condición: que lo usara para comprarse ropa y disfrutar del momento.
Caradagian rompió el documento del joven y le dio el dinero, diciéndole que lo importante era que lo disfrutara y que cuidara a su madre. Este gesto demuestra la profunda calidad humana y el desapego material del legendario luchador, quien priorizaba el bienestar emocional de sus allegados.