La discusión sobre inteligencia artificial se centra en el derecho de imagen y la dificultad para distinguir entre contenido real y generado por IA.
Se compara la situación con la de los actores que reclaman derechos por la repetición de películas, argumentando que su imagen fue vendida para un uso específico y no para la generación de nuevas obras.
Se plantea que la IA podría potenciar el contenido existente (ej. publicidades de Susana Giménez), pero el problema surge cuando no se puede identificar si el artista aprueba o no dicho uso, o si la imagen es genuina.