El gobierno boliviano ha instruido no utilizar armas letales para evitar una escalada del conflicto y un posible baño de sangre o guerra civil. Se teme que del lado de los manifestantes exista armamento, especialmente por la sombra del narcotráfico.
A pesar de que los "ponchos rojos" se muestran con rebenques, existe el riesgo de que haya muertos y un vuelco decisivo en el conflicto, que impide al gobierno continuar con la gestión del Estado.