La familia de Erika, policía fallecida en Berizzo, rechaza la hipótesis de suicidio y sostiene que fue asesinada. Jonathan, hermano de la víctima, afirmó que las últimas palabras de Erika fueron "me dispararon", contradiciendo la versión oficial.
La familia argumenta que Erika no tenía intenciones de quitarse la vida, ya que se preparaba para salir con amigas. Además, señalan que el disparo fue en el estómago, lo que consideran inconsistente con un suicidio.
Se investiga la posible implicación de Ariel Casco, jefe de Erika, quien presuntamente la hostigaba y amenazaba. La fiscal interviniente se excusó de la causa, presuntamente por una relación con Casco, lo que generó dudas sobre la imparcialidad de la investigación.
Se cuestiona la cadena de custodia de las pruebas, incluyendo el dermotest y el análisis de cámaras de seguridad, que habrían sido manipuladas o presentadas de forma incompleta. La familia sospecha que Erika pudo haber descubierto un negocio ilícito.