El auge del mercado del hachís en Irán, Afganistán e Israel, impulsado por la llegada de jóvenes europeos en la ruta hippie, transformó la vida de agricultores empobrecidos y generó una nueva fuente de ingresos. Jóvenes neerlandeses, españoles, británicos y franceses introdujeron el cannabis ilegalmente en Europa, creando un modelo de negocio para jóvenes emprendedores que viajaban a Afganistán.
En Ámsterdam, surgieron puntos de venta ilegales en casas flotantes, desafiando a la policía. Los neerlandeses rápidamente dominaron el mercado de la marihuana, pero la droga generaba desconfianza y se asociaba con la rebelión. La policía inicialmente reprimió con dureza, imponiendo penas severas por posesión, lo que provocó un aumento del contrabando y la consolidación del mercado negro.
A pesar de las detenciones, el tráfico continuó. El debate sobre la efectividad del derecho penal en la lucha contra las drogas llevó a una mayor indulgencia por parte de la opinión pública, el sistema judicial y la policía. Mientras tanto, en 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon declaró la guerra a las drogas, marcando un cambio radical en la política occidental.