La situación en Bolivia se torna cada vez más tensa, con Evo Morales exigiendo elecciones anticipadas y el gobierno de Luis Arce enfrentando un desgaste institucional significativo.
Morales, prófugo de la justicia por delitos de abuso sexual, opera desde la clandestinidad y advierte con movilizaciones si no se convocan elecciones en 90 días. El presidente Arce, por su parte, ha reafirmado que no militarizará el país y busca alternativas para pacificar la nación, aunque su gobierno es visto como frágil.
La crisis se agrava por el malestar social debido a la escasez de alimentos y medicamentos, sumado a la polarización política. La Iglesia y organismos de derechos humanos buscan mediar en un escenario incierto, donde la debilidad del gobierno es aprovechada por quienes buscan desestabilizar.