En Estados Unidos se observan señales de rechazo hacia la inteligencia artificial (IA), a pesar de ser considerada la protagonista de la "cuarta revolución industrial". Este rechazo se manifiesta en la incertidumbre laboral que la IA genera para muchos estudiantes y en protestas comunitarias contra la construcción de centros de datos.
Las protestas contra los centros de datos se centran en el consumo de recursos hídricos y energéticos, además del costo de la electricidad. Según la encuesta Queenipac, el 55% de los estadounidenses cree que la IA causará más daño que bien, reflejando una creciente preocupación social ante el avance de esta tecnología.