Los participantes de Gran Hermano recrean el rol de pregoneros, vendedores ambulantes típicos de la Revolución de Mayo, en una competencia.
Cada participante debe "vender" un producto inventando un pregón pegadizo. Se mencionan ejemplos como la venta de una esponja, papel higiénico, un mate y una manzana, con los participantes intentando atraer compradores con ofertas.
Se destaca la importancia histórica de los pregones como símbolo de encuentro y tradición en la época patria.