La homilía del Arzobispo se centró en la metáfora del hombre paralítico para hablar de la situación de muchos argentinos que se sienten "paralizados en sus esperanzas, oportunidades y dignidad".
Se hizo un llamado a la solidaridad y a la responsabilidad colectiva para "curar tantas parálisis personales, familiares y sociales", evitando la búsqueda de culpables.
Se enfatizó que "nadie es descartable" y que todos somos importantes, incluyendo a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Se planteó la pregunta sobre si los que nacieron con menos posibilidades valen menos, y se subrayó que de la respuesta a esto depende el valor de nuestras sociedades y nuestro futuro.