La vicepresidenta Victoria Villarruel fue excluida de la ceremonia del Tedeum del 25 de mayo, a pesar de ser la presidenta en ejercicio durante la ausencia del presidente Javier Milei. Esta decisión subraya la profunda tensión entre Villarruel y el gobierno nacional, especialmente con Karina Milei.
El gobierno ha definido a Villarruel como una "conspiradora" y un "adversario a combatir", considerándola ajena al oficialismo y poco confiable. Esta estrategia de marginación ha tenido éxito en erosionar su figura pública, con una caída significativa en las encuestas.
Se recuerda el incidente en la misa por el Papa Francisco, donde Villarruel evitó asistir, criticando la presencia de la "casta política". Anteriormente, en la apertura de sesiones del Congreso, Milei realizó un gesto hacia Villarruel interpretado como una advertencia a quienes aspiran a la presidencia.
El gobierno busca proyectar unidad en la reunión de gabinete posterior al Tedeum, con la participación de todos los ministros y autoridades. Sin embargo, la exclusión de Villarruel evidencia las profundas divisiones internas y la estrategia de Milei por consolidar su poder.