Se analiza la poca afinidad entre dirigentes y técnicos como un factor recurrente en el fútbol argentino, citando ejemplos como Milito-Costas, Moretti-Insúa y San Paoli-Domínguez.
Se cuestiona la decisión de renovar contratos por períodos largos (dos años) cuando la relación ya es tensa, como ocurrió con San Lorenzo y Sampaoli tras el Mundial de Rusia. Se sugiere que esto genera problemas a futuro y que los dirigentes deberían ser más cautelosos.