Se plantea la idea de que los cargos legislativos como diputados y senadores deberían ser "ad honorem", es decir, sin remuneración.
La propuesta sugiere que solo aquellos con suficiente solvencia económica para mantenerse deberían ocupar estos puestos, dedicándose a trabajar por el país y la gente sin recibir un sueldo.
"Aquel que tenga la guita suficiente para bancarse de estar en ese lugar... tendría que ser ad honorem", se argumenta, proponiendo un cambio radical en la percepción de la función pública.