Existen tres razones principales por las que los humanos no perciben la rotación de la Tierra: la falta de puntos de referencia externos, la incapacidad de nuestros sentidos para detectar velocidades constantes (solo cambios o aceleraciones) y la predominancia de la fuerza de gravedad sobre la fuerza centrífuga.
Aunque la Tierra gira sobre su eje a gran velocidad y se mueve alrededor del Sol a una velocidad aún mayor, nuestros sentidos no están adaptados para percibir estas magnitudes cósmicas. La uniformidad del movimiento y la fuerza de gravedad contrarrestan cualquier sensación de desplazamiento.