Leticia Brecci evoca recuerdos de su infancia y la dinámica familiar, destacando el rol de sus hermanas Marisa y Valeria, y su propia figura como el "varón" que su padre deseaba.
Describe cómo su padre, a pesar de las dificultades económicas, intentaba complacer a sus hijas, aunque a veces priorizaba las necesidades de una sobre la otra en términos de vestimenta.
Brecci reflexiona sobre su deseo de complacer a su padre y cómo, en retrospectiva, entiende la importancia de no callar las verdades y de aceptarse a sí misma y a su cuerpo.