Amancio relató su difícil infancia marcada por la enfermedad mental de su madre y su posterior involucramiento en el liderazgo religioso a los 30 años.
Tras asistir a la "Iglesia de la Gracia" por insistencia de su hermano, experimentó una profunda transformación espiritual, dejando hábitos perjudiciales como el alcohol.
A pesar de enfrentar un desalojo del local de la iglesia, la comunidad se mudó a un lugar más grande y Amancio fue bautizado, siendo luego designado como portero, un rol que aceptó con gratitud y fe.