Ian Lucas rememora cómo la cocina se convirtió en una parte esencial de su vida desde temprana edad, especialmente al cuidar de su hermano menor, Teo.
A los 13 años, mientras su madre trabajaba, Ian se encargaba de cocinar para su hermano, siendo la milanesa con puré su especialidad. Este acto de amor y responsabilidad marcó su vínculo familiar.
A pesar de sentir que no le gusta mostrarse vulnerable, Ian reconoce que cocinar para su hermano fue un acto de fortaleza y amor, y que hoy en día, Teo también le cocina a él, fortaleciendo aún más su conexión.