Se reitera que el poder de Dios, a través del Espíritu Santo, puede transformar vidas, haciendo a las personas responsables, comprometidas, amantes de la familia, llenas de valores y principios. Se hace un llamado a acompañarlos y compartir lo que está escrito en el libro de Hechos.
Se cita el versículo 8 del capítulo 1 de Hechos: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos...". Se enfatiza que el poder de Dios dará la capacidad de establecer y ser feliz, superando las luchas con la fuerza propia.
Se invita a recibir el Espíritu Santo en el Cenáculo, conectándose con La Universal más cercana. Se reitera la explicación del Pentecostés como un acontecimiento histórico clave para el nacimiento de la Iglesia y la misión del Evangelio, mencionando el descenso del Espíritu Santo como un fuerte viento que llenó la casa de los apóstoles.