Se critica el giro del debate público, que ha pasado de discutir la concentración de la riqueza y la ley de medios a centrarse en la presunta corrupción de sectores vulnerables como cocineras, trabajadores de economía popular y personal del Garrahan.
A pesar de esta distorsión, se destaca la victoria de haber frenado la avanzada contra la ley de barrios populares, logrando una unidad transversal entre distintos sectores políticos y sociales.
Se enfatiza la urgencia de abordar la crisis en salud mental, economía familiar y el endeudamiento, promoviendo una ley que busca cambiar la deuda privada por crédito social y hacer corresponsables a las entidades financieras.