Trabajadores esenciales en Estados Unidos, como la enfermera Carrie Walker, enfrentan dificultades para vivir cerca de sus lugares de trabajo debido al alza de precios de la vivienda. Walker debe viajar 120 kilómetros diarios, lo que implica un alto costo de combustible y menos tiempo familiar.
La situación se agrava en ciudades como Los Ángeles, donde el precio de la vivienda se ha duplicado en 25 años. La escasez crónica de viviendas, estimada en 10 millones de unidades a nivel nacional, impide el acceso a la propiedad, incluso para profesionales con salarios considerables.
Distritos escolares y el sector privado buscan soluciones innovadoras, como la construcción de viviendas asequibles en terrenos públicos o sobre supermercados. Sin embargo, la demanda supera ampliamente la oferta, evidenciando la magnitud de la crisis habitacional.