Incidentes se desataron en el ingreso al estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, donde miles de hinchas de River Plate se congregaron para la final.
El operativo de seguridad, criticado por su desorganización, provocó aglomeraciones y empujones. El diseño en espiral de las vallas, en lugar de un acceso paralelo, generó un cuello de botella que derivó en corridas y enfrentamientos entre los simpatizantes y la policía.
Se reportaron hinchas heridos, incluyendo un joven al que le cayó una valla encima. La situación se agravó con la presencia de caballos de la montada policial en medio de la multitud, aumentando el riesgo de aplastamiento, especialmente para familias con niños pequeños y personas con movilidad reducida que intentaban ingresar.
La desorganización del operativo, a pesar de la gran cantidad de efectivos policiales desplegados, llevó a que las vallas fueran derribadas y a que algunos hinchas aprovecharan para intentar ingresar sin entrada. La situación contrastó con la expectativa de un evento ordenado, generando malestar y preocupación ante la proximidad del inicio del partido.