Bolivia atraviesa una crisis institucional, política y económica, marcada por la polarización que debilita las democracias y tensiona las instituciones.
El analista Marcelo Vermolen, de la Universidad Austral, señaló que el país está fracturado geográficamente y étnicamente, con un oriente rico y un occidente pobre. La crisis se agrava por la falta de aprovechamiento de los ciclos económicos y la ausencia de fondos anticíclicos, lo que llevó al agotamiento de la renta gasífera.
Se recordó que Evo Morales, quien gobernó durante 13 años, asumió en 2005 tras un período de inestabilidad política. A pesar de representar al sector más pobre, su modelo de conducción caudillesco y la contaminación institucional del MAS (Movimiento al Socialismo) han dejado un legado de problemas.
Actualmente, el país enfrenta el desafío de la polarización, con reclamos de renuncia al presidente y la figura de Evo Morales prófugo de la justicia, pero protegido en Cochabamba. La crisis humanitaria se manifiesta en la falta de medicamentos, gas, alimentos y el aumento de precios, mientras que el narcotráfico y el crimen organizado emergen ante la ausencia del Estado.