La Unión Europea ha endurecido el control de sus fronteras, registrando una disminución en las cifras de inmigración y un aumento en las expulsiones y retornos de personas.
Las órdenes de repatriación alcanzaron casi medio millón el año pasado, la cifra más alta desde 2019. Los grupos más numerosos de repatriados fueron turcos, georgianos, sirios y albaneses.
Además, se ha incrementado el número de personas rechazadas en la frontera, con 133.000 casos el año pasado. Las razones de rechazo incluyen la falta de motivos válidos para la estancia, superación del límite de permanencia en la UE, ausencia de visado válido o no permitirles la entrada.