En un esfuerzo por preservar la riqueza agrícola, se ha recuperado más de 300 variedades de semillas en Chile, muchas de ellas provenientes de abuelas y abuelos que las conservaban como patrimonio familiar.
El trabajo de recuperación incluye el cultivo y cuidado de 72 especies, con un huerto que rota 300 variedades a lo largo del año. Cada semilla posee una historia y un proceso de cosecha y guarda particular.
Se destaca la importancia de este semillero para la seguridad alimentaria y la identidad cultural, oponiéndose a la patentización de semillas por parte de empresas y promoviendo el intercambio de saberes y productos.