La migración ha enriquecido la escena gastronómica de Chile, introduciendo una diversidad de sabores y platos que conviven con la cocina tradicional chilena.
Restaurantes peruanos, chinos y norteamericanos son cada vez más comunes, y la influencia de ingredientes como la harina de maíz y el plátano en recetas de otros países ha modificado hábitos alimenticios.
Si bien la comida extranjera gana popularidad, se destaca la importancia de preservar y promover la comida chilena, como las cazuelas, porotos y otros platos de campo, que representan la identidad y tradición del país.