Se argumenta que los mensajes de odio y confrontación provenientes de figuras políticas y partidistas en Estados Unidos pueden influir en personas emocionalmente inestables, llevándolas a actuar de manera violenta. Se mencionan casos como el de Manchón, quien mató al directivo de una prepaga, y el caso de un atacante relacionado con acusaciones de pedofilia contra Donald Trump y los Clinton.
Se enfatiza que, aunque las acusaciones no estén confirmadas, los discursos políticos tienen un impacto real en la sociedad y pueden ser un factor desencadenante de violencia.