Se analiza la evolución de la relación entre el poder político y los medios en Argentina, sugiriendo que la crítica hacia periodistas como Novarecio o Longobardi no es exclusiva de la era Milei, sino que existía previamente hacia figuras como Navarro o Mengolini.
Se plantea que la relación entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín era armoniosa hasta 2007-2008, momento en que se habría roto, marcando un punto de inflexión en la percepción del periodismo como un factor de poder. Se menciona que funcionarios como Alberto Fernández solían consultar las noticias de Clarín antes de dar información.