La Isla de los Estados también funcionó como presidio militar, aprovechando su aislamiento para evitar fugas.
Las condiciones de la isla, con materiales locales como piedra y madera, y la abundancia de agua dulce, la convirtieron en un lugar propicio para la instalación de factorías de lobos marinos.
Los primeros pobladores y exploradores se nutrían de los recursos de la zona, incluyendo madera de canelos y guindo, y utilizaban el Puerto Abrigado para sus actividades.