El uso de combustible criogénico en la Starship, a diferencia de los cohetes tradicionales, genera debate sobre la posible contaminación atmosférica.
Aunque la cadencia de lanzamientos de SpaceX ha aumentado, se considera que el impacto ambiental aún no es significativo. El combustible metano, a -180°C, se comprime y se inyecta con mayor facilidad.
Se aborda también la problemática de la chatarra espacial y la contaminación lumínica generada por la gran cantidad de satélites en órbita.