La narración se centra en la noche posterior al terremoto y las primeras horas del día siguiente. Se describe la improvisación de campamentos en el hotel y sus alrededores, ante el temor de nuevas réplicas.
Los sobrevivientes buscan refugio en la pileta, jardines y galerías, mientras la lluvia complica la situación. La constante amenaza de temblores mantiene a todos en vigilia.
Se menciona una fuerte réplica de magnitud 6.7 que sacude la región, generando aún más incertidumbre y la sensación de que lo peor podría no haber pasado.
Al día siguiente, el aeropuerto permanece cerrado y los sobrevivientes comienzan a explorar la ciudad, observando la magnitud de la destrucción, los equipos de rescate trabajando y la presencia de crematorios improvisados. El olor a destrucción se hace notar.