Se enfatizó que la presencia de Dios se retira de los hogares e iglesias donde no hay orden, respeto y honra. Se comparó la situación con Jesús yendo a otro lugar porque no era bienvenido en Nazaret, y se afirmó que la forma en que tratamos a Dios determina cómo Él nos trata.
Se planteó que para evitar conflictos, muchas personas evitan confrontar el desorden, pero esto lleva al alejamiento de Dios. Se usó el ejemplo de Pedro, quien decidió no seguir sin la presencia del Señor y restauró el orden en la iglesia, y de Josué, quien también tomó la iniciativa para restaurar el orden cuando Israel pecó.
Se hizo un llamado a poner orden en el hogar, en la familia y en el ministerio, comparando un hogar desordenado con un "cambalache". Se advirtió que si no se trae orden, Dios se va, y que es una decisión personal si se quiere seguir adelante sin Su presencia.
Se mencionó que la resistencia inicial al orden es posible, pero el precio de no hacerlo es el alejamiento de Dios. La bendición y la presencia divina solo llegan cuando se asume la responsabilidad de poner orden en todas las áreas de la vida.