El gobierno británico emitió una exención de sanciones sobre productos energéticos fabricados con crudo ruso, incluyendo combustibles de aviación y diésel. Según el Financial Times, esta medida responde a problemas de suministro generados por la crisis en el estrecho de Ormuz, y contradice la política previa del Reino Unido de restringir la economía de guerra rusa.
Esta decisión permite mayores ingresos para Rusia, ya que los productos refinados a partir de su petróleo, a menudo a través de intermediarios como India y Turquía, ahora pueden ser comercializados. La exención se implementó de forma discreta, sin un anuncio formal, a pesar de que el Reino Unido había pasado cuatro años construyendo un régimen de sanciones para asfixiar económicamente a Rusia.