La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda cero contacto con pantallas para menores de dos años y un máximo de una hora diaria para niños de dos a cinco años. Sin embargo, cumplir estas pautas es utópico para muchas familias.
La falta de tiempo y el cansancio de los padres llevan a recurrir a las pantallas como método de entretenimiento, perdiendo el juego como actividad fundamental en la infancia. Esto genera un "analfabetismo motriz" y una desconexión corporal.