El portaaviones estadounidense USS Nimitz se dirige hacia Cuba, en una operación que coincide con la acusación formal de Estados Unidos a Raúl Castro por el derribo de avionetas civiles en 1996.
Washington describe al grupo de ataque del Nimitz como un epítome de preparación y letalidad, preparando el escenario militar y político para posibles acciones en la isla. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, advirtió sobre un posible "baño de sangre" si EE.UU. interviene.
Díaz-Canel insiste en el diálogo y la diplomacia, a pesar de la creciente tensión y la presencia de funcionarios estadounidenses en la isla. La operación del portaaviones es una clara señal de las intenciones de Estados Unidos hacia Cuba.