Se explicó que la transformación de los hijos de Dios será tan poderosa que nadie dudará de su nueva identidad. Cuando Cristo se manifieste, los creyentes serán semejantes a Él porque lo verán tal como es.
Esta semejanza implicará una transformación profunda: si Cristo es luz brillante, los creyentes brillarán; si Sus ojos tienen visión de fuego, los creyentes tendrán visión de fuego; si viene con perfume del cielo, los creyentes se sentirán perfumados de Dios.
Se aclaró que esta transformación no será solo en el cielo, sino que también reinarán mil años con Cristo en la Tierra, vestidos de gloria y participando de la naturaleza de Dios. Se enfatizó que ser hijo de Dios es algo extraordinario que traerá cosas maravillosas.
Se animó a los creyentes a afirmar su identidad como hijos de Dios, ya que aún no se ha manifestado todo lo que serán, pero un día algo grande se manifestará, trayendo consigo la pureza perfecta de Dios.