Se critica la producción de Gran Hermano por supuestamente "meterle la mano en el bolsillo a la gente" y jugar con los participantes y el público.
El foco está en la decisión sobre la reincorporación de Carmiña, donde se cuestiona que la producción haya delegado la elección final en Mavinga, generando un "poción en Pilato" y dejando a Mavinga en una posición incómoda.
Se menciona que Carmiña tenía un alto porcentaje de votos para entrar, lo que hace más polémica la decisión final de Mavinga.