Se relata una experiencia de desesperación al intentar conseguir atención pediátrica de urgencia. Tras ser derivados de un hospital a otro, la guardia se encontraba colapsada, sin pediatras disponibles, y la espera se prolongaba sin atención.
Ante la imposibilidad de ser atendidos en el sistema público, se vieron obligados a recurrir a una consulta privada, pagando una suma considerable y adquiriendo medicamentos costosos, evidenciando las falencias del sistema de salud público y la falta de alternativas.