Un analista defiende fervientemente el proyecto de gobierno pero aclara que no es un militante, sino alguien leal que critica cuando es necesario, diferenciándose de los "alcahuetes" o "aplaudidores automáticos".
Señala que este tipo de personas impiden discernir los errores del gobierno y que dentro del mismo existen este tipo de actitudes, comparándolas con el "cicarlismo" de la época de Menem.
A pesar de sus críticas, mantiene contacto con el presidente, aunque no de forma habitual, y considera que la lealtad no es ser un alcahuete.