Una carnicería en Florida ha comenzado a vender ropa usada para complementar sus ingresos y afrontar las dificultades económicas. Los dueños, Osvaldo y Susana, llevan tres años vendiendo ropa de segunda mano, lo que les ayuda a cubrir gastos como el alquiler y la luz, especialmente ante la caída en la venta de carne.
La iniciativa surgió como una forma de reinvención ante la baja en el consumo de carne. La ropa proviene de compras de placares cerrados y permutas, incluyendo prendas de marca, deportivas y vintage. A pesar de no ser una venta masiva, la ropa usada se ha convertido en una fuente de ingresos importante, llegando a venderse más que la carne en algunos días.