La economía boliviana enfrenta inestabilidad con un dólar oficial congelado desde 2011 y un dólar paralelo fluctuante, afectando a cerca del 80% de la población que trabaja en la informalidad. La falta de contención social es un reclamo generalizado.
Se señala que el pedido de cambio de gobierno responde a una lógica cercana al sector de Evo Morales, mientras que la mayoría de los ciudadanos, aunque sufren la crisis, no están de acuerdo con la interrupción del mandato presidencial.