La crisis de desabastecimiento de combustible en La Paz, Bolivia, se agrava por los bloqueos y la falta de decisiones gubernamentales. Las filas para cargar gasolina se extienden por cuadras, y los ciudadanos deben esperar horas para obtener apenas unos litros.
El gobierno del presidente ha sido criticado por su inacción y debilidad ante la situación, mientras las organizaciones sociales rechazan el diálogo y anuncian nuevas movilizaciones.
La escasez de combustible ha llevado a medidas extremas como la marcación de manos y bidones para racionar la venta, generando indignación y humillación entre la población.
La situación económica se ve afectada, con precios elevados y dificultades para acceder a productos básicos como el pollo, que también ha sufrido aumentos. La economía informal y la venta callejera se intensifican como respuesta a la crisis.