En Bolivia, la crisis política afecta el funcionamiento de servicios esenciales. Las clases se imparten de forma virtual, las universidades operan a distancia y los hospitales funcionan a media máquina.
El transporte público sufre limitaciones debido a la escasez de gasolina, obligando a los usuarios a hacer largas colas. La administración pública opera de forma reducida, reflejando la profunda crisis que atraviesa el país.