Trabajadores esenciales en Estados Unidos enfrentan dificultades para vivir donde trabajan debido al alto costo de la vivienda, obligándolos a realizar largos desplazamientos diarios.
Karina, una enfermera, gasta casi 100 dólares diarios en combustible para ir y volver de su trabajo en Los Ángeles, lo que la lleva a limitar sus gastos y pasar menos tiempo con su familia. La familia se mudó a Lancaster, donde la vivienda es más accesible, pero el tiempo de viaje se incrementa.
El precio de la vivienda se ha duplicado en 25 años y cuadruplicado en Los Ángeles, haciendo imposible que muchos trabajadores esenciales puedan comprar o alquilar cerca de sus empleos. Esto afecta a profesionales como maestros y personal de asistencia educativa.