Un cura llamado Jorge Pierozán, en misión en Brasil, demostró sus habilidades futbolísticas al participar en un "picado" con los locales.
El sacerdote no solo se animó a jugar, sino que también mostró destreza con la pelota, realizando algunos jueguitos a pesar de llevar la sotana.
La escena, que causó sorpresa y admiración, reafirma la idea de que "al fútbol se juega siempre, en cualquier lugar".