Se destapa una red de clínicas clandestinas en González Catán, operada por una organización criminal dedicada al lavado de dinero, robo de medicamentos y uso de ambulancias falsas.
La investigación revela que la banda utilizaba matrículas y sellos de médicos profesionales falsificados, y operaba sin autorización, poniendo en riesgo la salud de los pacientes.
Se descubrió que la organización criminal, además de las clínicas, contaba con tres farmacias y una flota de ambulancias, todo ello como fachada para blanquear dinero proveniente del robo de medicamentos y otros delitos.
La situación se tornó crítica cuando un familiar de un paciente fallecido en una de estas clínicas se enfrentó al personal, evidenciando la falta de atención y las irregularidades.