Se continúa la reflexión sobre el avance de la inteligencia artificial y su impacto en la imagen y voz de las personas, especialmente actores. Se enfatiza la importancia de que los individuos tengan control sobre cómo se utiliza su identidad.
Se plantea la pregunta sobre la autenticidad del contenido generado por IA y el derecho del público a saber si lo que ve o escucha es real o artificial. La preocupación radica en la posibilidad de engaño y manipulación.