Una ex empleada de la clínica clandestina en La Matanza, Noelia, relata cómo su ex suegro, Alberto Santarseri (condenado por homicidio), administraba el lugar sin habilitaciones y con personal no calificado.
Noelia había denunciado la situación hace un año y medio, pero no le dieron importancia.
Se detalla que la clínica funcionaba con sellos de profesionales de la Ciudad de Buenos Aires y atendía a menores de edad sin el conocimiento adecuado.