Rodolfo Lieberman explica la imposibilidad de reconvertir su fábrica textil para abastecer al sector energético, ya que las máquinas son altamente específicas y no pueden fabricar otros productos.
Critica la idea de importar bienes argumentando que no siempre es más barato, especialmente considerando los costos logísticos y financieros. Señala que la industria textil sigue siendo necesaria mientras existan bebés que necesiten ropa.
El empresario expresa el dolor de tener que comunicar a sus trabajadores la reducción de horas y la pérdida de empleos, destacando la resignación de los empleados y la necesidad de que los dirigentes gremiales actúen para revertir la situación.