Se critica la calidad del debate en el Congreso, calificándolo de "papelón" y de "analfabeto". Se compara la situación actual con congresos anteriores, sugiriendo una degradación en la discusión legislativa.
Se cuestiona la pertinencia de las discusiones en el recinto, indicando que se priorizan temas menores o se evitan debates importantes. Se critica la falta de altura de los legisladores y la utilización de argumentos superficiales en lugar de propuestas concretas.