Bolivia atraviesa una profunda crisis institucional marcada por bloqueos de rutas que llevan tres semanas, generando escasez de medicamentos y alimentos. El presidente Rodrigo Paz acusa a Evo Morales y a los "ponchos rojos" de estar detrás de las marchas que buscan desestabilizar su gobierno.
La situación social es crítica, con un aumento de ferias donde la gente compra alimentos de manera fraccionada debido a la falta de provisiones. Los transportes funcionan de manera intermitente por la escasez de combustible, y la gente se congrega en estos puntos de venta.
A pesar de las amenazas y los llamados a renunciar, el presidente Paz se siente seguro, aunque reconoce la fragilidad de la institucionalidad. La resistencia de Evo Morales y sus seguidores podría derivar en un "virtual golpe de Estado", poniendo al país en una situación de precipicio institucional.