Se desbarató una red de clínicas clandestinas en La Matanza que operaban con sellos y firmas falsificadas de profesionales de la salud. La investigación comenzó a raíz de la denuncia de la doctora Romina Neira, una médica esteticista que descubrió que usaban su sello para emitir recetas y estudios médicos sin su autorización.
Se descubrió que el modus operandi implicaba la falsificación de matrículas y firmas para realizar estudios y prescribir medicación, afectando a cinco clínicas de un mismo grupo económico. Dos de los dueños de este grupo tienen antecedentes por homicidio.
La doctora Neira relató que la falsificación de su identidad se utilizó para emitir certificados, órdenes de estudios y recetas, haciéndola pasar por médica clínica cuando ella es especialista en estética. La investigación determinó que solo un enfermero contaba con título habilitante, mientras que el resto del personal operaba sin la debida autorización.